Martutene, del esplendor a «una inexplicable desidia» (Diario Vasco 27/08/2011)


Texto publicado por Mikel G. Gurpegui en la sección “La calle de la memoria”, publicado el 27 de agosto de 2011.

1946 El barrio que antaño estuvo de moda sufría la decadencia y un deficiente sistema de transportes.

Nostalgia por los tiempos en que Martutene «llegó a ser una de las partes más bellas de la ciudad»

«Sin embargo, como si una maldición hubiera sido lanzado sobre la hermosa barriada, ésta quedó gafada»

Nos vamos de excursión en La calle de la Memoria de hoy. Tomamos el río Urumea y nos plantamos en pleno barrio de Martutene. Al menos, tal y como estaba hace 65 años.

Siguiendo un reportaje escrito por Alfredo R. Antigüedad y publicado en la última página de DV el 27 de agosto de 1946, nos acercamos a un barrio «cuyo no lejano esplendor se halla ahora empañado por una inexplicable desidia».

Había nostalgia por una tiempos gloriosos, y entonces próximos todavía, en que Martutene había brillado. «Con el cariño y el entusiasmo de unos pocos, llegó a ser una de las partes más bellas de nuestra ciudad, y prueba de ello y exponente de lo que antecede, la brillantez de aquellas fiestas que se organizaban en aquellos Campos Elíseos (…). Alrededor de aquel magnífico parque de atracciones empezó a edificarse, con gran profusión, villas y palacetes, hasta constituir lo que es en la actualidad: una bella ciudad-jardín».

«Aquellas villas de Martutene constituían preferente lugar de residencia veraniega, de cuantos, a un paso del centro de la ciudad, querían gozar de un completo aislamiento. Gaston Deroniede, Mr. Malvy y otras destacadas figuras francesas contribuyeron, residiendo en Martutene, a ponerlo de moda entre muchos extranjeros».

 

Martutene : vista general / ND Fot
GureGipuzkoa.net | Martutene : vista general / ND Fot © CC BY-SA: N.D.

Una maldición lanzada

Para 1946, Martutene ya había pasado de moda y el esplendor había dejado paso a la decadencia. El articulista lo expresaba con dramatismo: «Sin embargo, como si una maldición hubiera sido lanzada sobre la hermosa barriada, ésta que parecía iba a ser la más bella y coqueta de la ciudad, quedó gafada. Dejaron de hacerse nuevas construcciones, los veraneantes la abandonaban y los servicios públicos no llegaban a prestarse con la perfección debida. Se descuidó la necesidad imperiosa de todo núcleo de viviendas de tener un magnífico sistema de comunicaciones y de ahí procede todo».

Antigüedad recogía sin identificar las opiniones de un vecino al que el servicio de tranvía horrorizaba. «¿Ha viajado Vd. en el tranvía de Hernani? Si lo ha hecho una sola vez, no hace falta más que recordárselo y si ha sido tan afortunado que no ha gozado de sus delicias y quiere conservarse limpio de cuerpo y alma, le recomienda un buen amigo que no lo haga. Lentitud, irregularidades en el servicio hasta el absurdo, suciedad, falta total de comodidades, unos apeaderos, si es que así puede llamárseles, indignos del más ‘jamonudo’ animal, etcétera, etcétera… Pues este compendio de delicias junto con unos decrépitos autobuses, es el magnífico y único medio de comunicación que tienen los vecinos de este lugar e ‘islas adyacentes’».

Aquel vecino veía muy negro el futuro de Martutene. «Parece mentira que puedan reunirse tantas desgracias juntas como las que padecemos no sólo los sufridos moradores de Martutene, sino el lugar en sí. Fue cortado inopinadamente su rápido progreso y engrandecimiento, y la falta de preocupación por el mismo lo hacen estacionarse y languidecer».

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