Un parque murió junto al Urumea (Diario Vasco 17/07/2011)


Recuperamos un reportaje de la sección “San Sebastián insólito” de Gontzal Largo publicado el 17 de julio de 2011 en el Diario Vasco. Trata sobre el parque de atracciones y la plaza de toros que hubo a principios del siglo pasado en Martutene.

Aquí va el texto, tal y como se publicó:

Antes de que la cárcel le robara el nombre, Martutene era el barrio alegre de San Sebastián. Allí se levantó un parque de atracciones que fue ‘derrotado’ por el de Igeldo. Todavía quedan en pie algunos restos.

A principios del siglo XX, San Sebastián deseaba divertirse. Mucho. A todas horas. Lo deseaban los ciudadanos pero, sobre todo, los cientos de turistas que llegaban a la ciudad, atraídos por la moda de los baños y los veraneos de la Familia Real. Por ello, para que unos y otros gozaran, surgieron los primeros centros de ocio: la plaza de toros del Chofre, el parque de Ulía y, a partir de 1907, el complejo situado en los actuales terrenos de Martutene. Fue el más espectacular de la ciudad, con atracciones que nunca más volvieron a repetirse, pero su reinado duró muy poco: la apertura del funicular y el restaurante del monte Igeldo borraron del mapa el sueño de Martutene en pocos años.

El parque del barrio comenzó a lo grande, con media docena de atracciones, entre las que destacaba el Water-Chute, un inmenso tobogán acuático por el que se deslizaba una barcaza. El éxito propició que los promotores siguieran creyendo en las posibilidades del lugar por lo que en 1908 inauguraron la plaza de toros de Martutene, apenas cinco años después de la del Chofre, que seguía funcionando a todo gas. Este hecho -dos plazas de toros en una ciudad que era mucho más pequeña y tenía muchos menos habitantes que en la actualidad- puede dar una idea de la opulencia y la importancia del San Sebastián de la época. El coso de Martutene era sensiblemente inferior al de Gros en tamaño pero tenía una importante peculiaridad: estaba cubierta por un techo de cristal que la hacía única en el Mundo -de hecho, fue la primera de su especie- y permitía que se celebraran todo tipo de espectáculos, aparte de los taurinos, en ella.

Pero este adelanto no era suficiente como para paliar la cruda realidad: Martutene se encontraba demasiado lejos del meollo de la ciudad, cinco kilómetros río arriba, como para seguir atrayendo señoritos y señoritas a sus shows. A mediados de los años veinte la plaza recibió la puntilla definitiva y fue derruida. Pero no hay mal que por bien no venga. Los promotores del pequeño barrio que se levantó en sus terrenos llevaron a cabo una curiosa labor de reciclaje y utilizaron varios de los ventanales en las casitas de nueva construcción. Estas todavía pueden verse en la actualidad. ¿Dónde se encontraba la plaza? Cruzando el puente a la derecha, marchando en dirección Astigarraga, en la orilla opuesta a la de la calle Okondotegi.

En esos mismos terrenos está el pequeño barrio de preciosas villas que parecen robadas a un pueblo de Francia. Tres de estas casas -dos de ellas responden a los nombres de Biyak Bat y Villa María– tienen los curiosos ventanales. Como en el antiguo coso, los vanos están agrupados en parejas pero hay una salvedad: están invertidos con respecto al original. Desplazados al lugar, una de las vecinas de estas viviendas nos confirmó que las ventanas son la única seña de identidad de la antigua plaza de toros que conservan los edificios y nos dio una pista que desconocíamos: al otro lado de la carretera, en la construcción vecina al bar Trinkete, también cuenta con uno de los ventanales taurinos que puede verse perfectamente desde uno de los accesos del bar.

Paralelamente a la plaza, el parque de Martutene conoció la decadencia, el olvido y el abandono. Se cerraron las atracciones, los locales de hostelería y, finalmente, todo el parque. Hubo intentos de reflotar el lugar como espacio festivo pero a mediados del siglo pasado no había nada que hacer: el parque de Martutene era historia, fue desmantelado y sobre sus terrenos se construyó el palacio de los padres agustinos. De todo aquello ya no queda casi nada, ni los cimientos. La construcción del centro escolar-ahora graffiteado, fantasmagórico, con las ventanas rotas y en estado de semiabandono- y sus patios, así como de la variante del Urumea borró toda huella de lo que hubo aquí hace casi cien años.

Decimos ‘casi nada’ porque hay un vestigio que ha sobrevivido. El único. Se trata de infraestructura del parque que fue (y sigue siendo) la más utilizada: su camino de acceso, es decir, el arranque del actual paseo de Barkaiztegi. Es un gran viaducto formado por casi una veintena de arcos de medio punto, de unos diez metros de altura. Difícilmente sospechan quienes caminan por esa calle que la estructura que la sustenta es tan bella. Solo hay un problema: el mejor lugar para fisgar la construcción en su totalidad tiene el acceso restringido y la tupida maleza impide apreciarla desde otros puntos, incluso desde los trenes de la línea Madrid-Irún o Cercanías a que pasan a muy pocos metros. Aún así, aquellos que se interesen por ella, podrán toparse con la barandilla original del camino, casi cubierta por las diferentes capas de asfalto que se han echado desde entonces, en el comienzo de Barkaiztegi. Por cierto, allí mismo, junto a la puerta de acceso de la villa Arkaitz Artekoa destacan dos curiosos asientos tallados en la misma roca.

En uno de los arcos, hoy inaccesible, se habilitó una entrada para que los visitantes del parque se adentraran en las llamadas ‘grutas de Martutene’, una cavidad descubierta en 1905 cuyo interés podría ser similar al que hoy despiertan otras cuevas espectáculo como El Soplao, en Cantabria, salvando las distancias, claro. La prensa de la época escribió lo siguiente sobre la gruta, hallada de casualidad mientras se buscaba el nacimiento de unos manantiales de agua: «Algunas estalactitas tienen 20 centímetros de espesor (.) de estructura casi cristalina».

Hace tiempo publicamos una noticia sobre la villa Arkaitz Artekoa. La puedes encontrar aquí:
https://martuteneauzoa.com/2011/02/19/arkaitz-artekoa/

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