«Las riadas han dejado una lección de solidaridad vecinal» Joserra Trebiño (Diario Vasco, 18 de Noviembre)


Joserra Trebiño, delegado Episcopal de Cáritas Gipuzkoa, se acercó al barrio de Martutene el día después de las inundaciones. «Había un trajín enorme», recuerda. Junto a la imagen de «desolación» y destrozos, el responsable de Cáritas se queda con «la lección de solidaridad» dada por los vecinos, que se ayudaron unos a otros en las tareas de limpieza. La organización que dirige en Gipuzkoa ha comenzado el reparto de la ayuda de 150.000 euros para familias que han sufrido daños en las viviendas.

– El mismo lunes por la mañana estuvo en Martutene, ¿qué es lo que se encontró?
– La primera impresión fue de que el estrago era de una gran magnitud, de un caos enorme, de la gente afanándose en esa primera limpieza… Y luego mucha tristeza y rabia. Conozco a bastante gente de allí. Estuve con personas que tenían las bajeras llenas de agua, en donde tenían objetos de valor, muchos coches que todavía estaban siniestrados, pequeños comercios en los que había entrado el agua… Y luego, sobre todo, las viviendas. Se vivieron momentos muy emotivos. La gente se te abrazaba, conmovida y con lágrimas. Decían: «Lo hemos perdido todo, todo está para tirar».
– Junto al dolor por los destrozos, se vivieron momentos de solidaridad espontánea…
– En el barrio había un trajín enorme. Creo que la gente reaccionó pronto. Los vecinos se unieron. Hubo vecinos que no tenían siniestro en sus viviendas porque vivían en el segundo o tercer piso, pero se entregaron a fondo. Es un barrio pequeño, la gente se conoce y comparte. Hubo una solidaridad inicial muy humana. Es la lección que nos da la adversidad y la desgracia. Así como nos hace sufrir, también nos hace sentirnos más cercanos. Al compartir una misma realidad, aflora lo mejor que tenemos. Fue una solidaridad que se prolongó a lo largo de los días. De la dificultad se ha hecho oportunidad. Cuando vivimos situaciones límite, de mucho dolor, las personas valoran mucho cualquier pequeño gesto, la cercanía.
– En una sociedad en la que, en muchos casos, no se conoce a los vecinos del portal, la solidaridad vivida tras las inundaciones es ejemplar.
– Sí, vivimos en una sociedad en la que hay unos valores que no atraviesan el mejor momento. Valores como la solidaridad, el compartir… Vivimos en la tentación y la tendencia hacia un individualismo creciente. En los barrios pequeños, en cambio, donde la convivencia es más cercana, la relación es más estrecha y facilita ese encuentro. Y cuando llegan las adversidades, las personas hacen aflorar los mejores sentimientos y las mejores actitudes. Hay que destacar algo que estamos comprobando en Cáritas a diario con la crisis y los efectos tan duros que están teniendo muchas familias: la crisis está siendo también una oportunidad para la solidaridad y está ayudando a ejercitar esa solidaridad, a través de los donativos, de una mayor disponibilidad para el voluntariado…
– El agua también entró en la iglesia de Martutene y en el centro parroquial…
– Sí, el agua nos entró a todos. Casi todos los comercios, bajeras y garajes estuvieron afectados. Yo pensaba que en los locales parroquiales no había entrado el agua, porque para acceder a ellos hay que subir unas escaleras. Mi sorpresa fue que cuando llegué había vecinos del propio edificio limpiando con mangueras los locales. Me conmovió mucho.
– También se vio afectado el convento de Kristobaldegi.
– Sí, lo visité acompañando al señor Obispo y vimos que la situación había sido muy fuerte y dura. El convento está al lado de río y se convirtió en un islote en medio de un mar de agua y de barro. La iglesia y el receptorio resultaron muy afectados. Se levantó el suelo de madera. Las religiosas han pasado días complicados, igual que todo el barrio de Txomin Enea.
– Las de este mes no son las primeras inundaciones allí.
– Junto a la pena, la tristeza y la desolación, también he visto rebeldía y malestar porque en los barrios hay una reivindicación de muchos años para mejorar el cauce del río y que se haga una intervención en las aguas para que no vuelva a ocurrir. Ahora habrá una recomposición, llegarán las ayudas, pero ese temor y miedo endémico instalado en las conciencias subsistirá siempre y cuando no se aborden los problemas estructurales. Ahí hay una petición clara a a todas las administraciones concernidas, empezando por el Gobierno Vasco. Que esos planes que en su día se redactaron se materialicen.
– Cáritas ha puesto en marcha unas ayudas, ¿en qué consisten?
– Ya en las riadas de 1983, Cáritas Gipuzkoa hizo una campaña de solidaridad y destinó una ayuda económica a las familias más afectadas. Como Cáritas, tenemos la misión de estar al lado de los necesitados aquí y en el mundo entero. Ahora estamos trabajando en el cuerno de África. Cuando se produce aquí una situación de emergencia como las inundaciones también tenemos que responder. Hemos entendido esta respuesta de emergencia por la urgencia y por la magnitud del estrago. Hacía falta acudir cuanto antes. Somos conscientes de que sobre todo esas familias que han perdido casi todos sus enseres, aun sabiendo que la ayuda es modesta, lo agradecen por lo que supone de expresión de solidaridad. Nos están agradeciendo que Cáritas se haya acordado en un momento en que otro tipo de ayudas todavía no llega. Hay familias que se han quedado sin ropa, sin electrodomésticos, sin muebles, porque les ha entrado un metro de agua en casa. Nuestra ayuda es un gesto solidario.
– ¿A quién va dirigida?
– A las familias que han sufrido graves daños en la vivienda. Somos conscientes de que hay un montón de desperfectos en comercios, bajeras y empresas, pero nosotros tenemos que priorizar porque la ayuda que tenemos es humilde.
– Las ayudas se coordinan desde los centros parroquiales. ¿Ya se están entregando?
– Estamos ya con la logística preparada. Los equipos de Cáritas están compuestos por personas voluntarias que están en el terreno. Son personas que viven en el barrio, con lo que el conocimiento es muy cercano y es bastante inmediato. Ellos están recabando los datos de las familias. El reparto de las cantidades asignadas comenzó el miércoles y la gente está muy agradecida porque es una cantidad, en torno a los mil euros, que está sirviendo para afrontar los gastos inmediatos, teniendo en cuenta la carencia de recursos. Son familias, muchas de ellas, que viven de un empleo muy sencillo y que tienen a veces hasta dificultades para llegar a fin de mes. Es una población que ya de por sí está castigada por la crisis y que encima tiene que afrontar la tragedia y la desgracia de unas inundaciones, con la pérdida de todos los enseres. Están agradeciendo tanto o más que la ayuda económica, el hecho de que alguien se acuerde de ellos. Una familia nos ha dicho que nunca habían tenido una ayuda económica que les hubiera venido así, inesperadamente. Entre los solicitantes hay familias con niños y otras situaciones muy sensibles.
– ¿A cuántas familias se va a ayudar?
– Calculamos que a unas 150 familias, ubicadas principalmente en la cuenca baja del Urumea. Sobre todo en Ergobia, Martutene y Txomin Enea.

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