Resignados y a la espera del seguro (Diario Vasco, 6 de Diciembre)


Un mes después de las inundaciones que asolaron Gipuzkoa, DV visita algunas de las zonas más afectadas: Txomin Enea, Loiola, Martutene, Astigarraga y Ergobia, donde de las conversaciones con los afectados destacan su resignación y la confianza en cobrar pronto las indemnizaciones. Pero, sobre todo, la demanda de que se dé solución a una situación que no es nueva. Un mes después, 27 familias viven en pisos municipales. Ayer era un día lluvioso, como la víspera de aquel fatal domingo 6 de noviembre. Sin embargo, no había charcos ni imágenes del Urumea crecido.

Xabier Agirrezabala. Empresario
«No tenemos tiempo ni para el papeleo»
Xabier Agirrezabala, dueño junto con su hermano de Talleres Txindoki, en Txomin Enea, especializado en compresores de gran tamaño, dice con cierta desmoralización que «aún estamos haciendo los papeles para cobrar del seguro o del consorcio. Vino un perito, miró todo, pero no hemos podido presentarle todavía el documento de las pérdidas y los daños. No hemos tenido ni tiempo para discutirlas porque no hemos querido dejar de atender a los clientes que hemos podido». La puerta de su empresa está a pocos metros de un Urumea de color del barro. Pero no fue el taller sino el almacén el que sufrió las consecuencias de las inundaciones. Abre una gran puerta metálica al fondo de una cuesta en la que se ve la marca del agua. «Conseguimos sacar la caravana y el coche pero no el Patrol», que está allí aún sucio del agua que le entró.
A un metro de altura llegó el agua en el enorme almacén donde se acumulan carretillas y compresores. «Podíamos haber extraído el agua, pero se cortó la electricidad y no pudimos hacer más», relata Agirrezabala. Rememora la inundación del año 85, «pero esta ha sido mucho mayor. Si ocurre una semejante pronto no lo podremos aguantar», señala, mientras se deja fotografiar ante una columna donde ha marcado con cinta aislante negra hasta dónde llegó el agua.

Txelo Pariente. Vecina de Txomin
«Estas casas no tienen condiciones para vivir»
Muy cerca, en las casas de Txomin, un carpintero repara la parte inferior de la escalera del portal. Una vecina, Txelo Pariente, explica que lleva viviendo en el tercer piso desde hace 34 años, «y éstas han sido las peores inundaciones de todas las que he conocido, incluidas las del 83. Tanto que la inundación destrozó el suelo de los pisos bajos, pudrió la madera y se ve todo el sótano. Pasamos miedo aquel día. Salí el domingo a las 3 de la tarde y no pude volver a mi casa hasta el martes a la 1 del mediodía. Ni mis tres hijos tampoco», recuerda Txelo. Las puertas del primero están tapiadas con tableros. «El Ayuntamiento las ha clausurado y no vive nadie». Parece que está más o menos habitable, pero… «la humedad que ha cogido el hormigón de la casa no se va y produce bastante olor. Además, ha salido una grieta en la escalera por la que se ve la luz de la calle. No son condiciones para vivir, siempre con el miedo de que vuelva a ocurrir».
Vinieron los del consorcio de seguros «y se marcharon. Hasta ahora. Los vecinos estamos esperando a ver qué alternativa nos ofrece el Ayuntamiento. La gente habla de otros pisos pero no sabemos nada».

Mari Carmen y Vicente. Vecinos
«Nuestra idea es salir de aquí cuanto antes»
Se acercan Vicente Bautista y Mari Carmen Torres, vecinos de enfrente. «Hace años que dicen que nos iban a trasladar… pero ha habido varias inundaciones desde entonces y seguimos aquí». Señala las primeras plantas, propiedad del ayuntamiento donostiarra, cerradas y tapiadas. «Nuestra idea es salir de aquí cuanto antes porque hay mucha humedad y no le conviene a mi hija asmática».
Lamenta que se hable de soluciones como «el encauzamiento del río para que deje de afectarnos a todos los vecinos de Txomin Enea, pero no se haga nada».

María Jesús y Mikel Gasolineros
«Menos los surtidores, todo quedó estropeado»
María Jesús y Mikel son los empleados de la gasolinera Mendiburu de Martutene. Todavía se aprecian en el almacén los estragos de la inundación. «Se estropeó el carbón y la comida para perros que guardamos para la clientela», explica Mikel. Cuenta que el agua alcanzó el 1,80 metros de altura y arrasó la oficina, el equipo de ordenadores, los productos, el almacén y el bajo. «Afortunadamente, no afectó a la gasolina ni a los surtidores, aunque sí a los motores. Estuvimos 8-9 días sin funcionar pero atendiendo a los clientes con algunos surtidores».

Cristina Arnedo Farmacéutica
«Solucionar esto es lo prioritario en Donostia»
Cristina Arnedo, de la farmacia Arnedo, es de las que más ha sufrido el embate de la inundación. «Mi padre lo cogió hace 50 años y no quiso venir a verla destrozada. Le comenté que ya estaba casi lista y se negaba a venir. Falleció el día 27 a los 82 años», señala sin poder contener las lágrimas. «Ha sido un mes muy duro», dice mientras enseña un álbum de fotos de cómo quedó la botica, con todos los productos desparramados y sucios. «El agua llegó al metro noventa. Mucho más que en el 83. No me queda más que la resignación y esperar a ver qué me abona el consorcio». Echa cuentas de lo que ha ido adelantando: muebles, seis deshumidificadores, aire acondicionado, cortinas… «En cuanto pude empecé a servir por encargo».
Recuerda que su padre Daniel le contaba que en el 53 la inundación llegó hasta el techo. Recalca que «es prioritario solucionar el problema de las inundaciones, no el Metro o la pasarela de Donostia. Hay que dragar el Urumea, como se ha hecho toda la vida. Es la única solución». Lamenta que los responsables del Añarbe «no abrieran las compuertas días antes sabiendo que ese fin de semana se iba a producir una tromba de lluvia».

Gabriel Lizeaga Sidrero
«Los seguros analizan toda la letra pequeña»
Gabriel Lizeaga tiene la sidrería junto a la carretera. «El agua llegó hasta cubrir casi la kupela», explica junto a la barrica de sidra donde la marca está a 1,70 metros. Recuerda que «estábamos de comida familiar y cuando vimos que llovía tanto nos pusimos a poner a salvo la maquinaria encima de los armarios, trabajando a oscuras… y al final no pudimos hacer nada. Ya sabemos que es una zona inundable, pero no pensamos que se llegase a tanto».
Celebra que al menos «la sidra no ha sufrido. Hicimos catas, análisis y pruebas de laboratorio. Después de limpiar todo es cuando hemos visto las consecuencias de la inundación: los aparatos dejan de funcionar, hay humedad, las mesas se curvan y ahora empiezan a coger su estado natural». De los seguros dice que «al principio todo parece que va a ir bien pero luego te leen la letra pequeña de la póliza, te aplican la devaluación del material y maquinaria…».

Evelio Vecino Empresario
«He adelantado la compra de maquinaria»
Evelio Vecino y su hijo Arkaitz gestionan el taller Vulcanizados Ergobia en una zona que era un lago hace un mes. «Por la tarde era un barrizal y el agua subió más de medio metro. Me dejó sin la máquina calibradora y la desmontadora de neumáticos. Estoy trabajando de urgencia con un compresor». Dice que el perito del consorcio «vino, me dijo que me iba a contestar en una semana y aún no me ha llamado». Evelio ya se ha gastado 13.000 euros en aparatos. Dice que espera jubilarse dentro de cuatro años «sin que haya otra inundación, porque la próxima será todavía peor».

En la web hay un vídeo que merece la pena ver:
http://www.diariovasco.com/v/20111206/al-dia-local/resignados-espera-seguro-20111206.html

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