Las riadas del 6-N (Diario Vasco, 26 de Enero)


JOKIN SOTILLA DÍEZ DE OÑATE | PRESIDENTE DE LA AAVV SARROETA AUZO ELKARTEA DE MARTUTENE. MIEMBRO DE LA COORDINADORA ‘CIUDADANOS A FAVOR DE LA CUENCA DEL URUMEA’-‘URUMEAREN ALDEKO BIZILAGUNAK’

El Estado de Derecho fundamenta su legitimidad no solo en la garantía democrática al designar a los representantes de la voluntad popular en el poder ejecutivo, sino también en el respeto a los principios generales del Derecho; y en particular en el cumplimiento de sus obligaciones primarias, entre ellas, la más elemental de garantizar las propiedades y los bienes de sus ciudadanos, y la vida de los ciudadanos mismos. Para muchos será exagerada la afirmación de que en la cuenca baja del Urumea esta legitimidad se ha visto resquebrajada por la actuación incoherente de diversas Administraciones. Para los vecinos de Martutene, no.

Evidentemente que el mismo Estado de Derecho, en nuestro caso consolidado, tiene recursos propios, incluida la vía judicial, para subsanar los conflictos que le pudieran en ese sentido cuestionar su normal desarrollo; pero en la cuenca baja del Urumea, esos recursos aún no han sido utilizados.
La riada del pasado 6 de noviembre alcanzó un metro sesenta de altura en el entorno de la escuela primera infantil en menos de una hora, y en horario escolar. Muchos de nosotros damos gracias todavía a la Virgen a quien está consagrada esa barriada, de que ese suceso no ocurriera en día laborable sino en domingo, cuando los parvulitos no se encontraban en el centro escolar. ¿Os imagináis el panorama de andereños y familiares intentando rescatar a los niños de las aguas cuando el torrente tenía fuerza suficiente para arrastrar y volcar, como lo hizo, a las zodiak de rescate?
Recordaremos siempre con sincero agradecimiento el valor y la generosidad con que actuaron los voluntarios y cuerpos de salvamento. Pero la alarma roja aun habiéndose superado por más del doble de los parámetros establecidos por la normativa al respeto, no fue decretada por las autoridades competentes. Y muchos seguimos dando gracias a Dios o a la buena suerte, por el número difícil de contar de ancianos y de gente aislada que fueron rescatados en situaciones límite.
Y en cuanto a la valoración de los daños, nuestro sentido común se siente burlado cuando, por ejemplo, como justificación para el impago de ciertos daños se alude a que no han sido producidos únicamente por la última riada, sino que son efecto del daño acumulado por las anteriores. Esto es, el no haberlos asumido ni pagado en siniestros anteriores, da supuestamente derecho al Consorcio a seguir sin asumirlos. Jurídicamente cuestionable, ¿no es cierto? De otra parte, hemos llegado al extremo de que medidas simples pero eficaces para reducir el impacto de las riadas como la limpieza del río, solicitada con anterioridad a las inundaciones por la AAVV que represento -como consta en nuestro archivo- fueron denegadas por los organismos capacitados para ello (URA y Costas), por falta de coordinación institucional.
En este contexto nos resulta irrelevante la polémica sobre si la presa del Añarbe abrió o no las compuertas a destiempo. A fin de cuentas, es una polémica irresoluble y estéril para nosotros que nos aleja de las causas últimas del problema.
Porque las ‘causas eficientes’ hay que buscarlas en la política urbanística desordenada que ha permitido la invasión de los espacios naturales de expansión del río y en la afectación agresiva de las infraestructuras actuales sobre su cauce, que provocan que los efectos de las inundaciones en las zonas habitadas sean cada vez más graves.
Si a ello añadimos el dato lacerante de que el actual Gobierno Vasco desde el primer día de su toma de posesión tenía los informes meteorológicos pertinentes sobre el carácter cíclico de las inundaciones en la cuenca, así como los proyectos oficiales de ingeniería civil necesarios para minimizar el impacto de las riadas, y que llegados ya a la etapa final de su legislatura siguen sin haber hecho nada, ni presupuestado nada para el Urumea, seguro que a todo observador le resultará más fácil comprender por qué en Martutene, como en el resto de barrios y pueblos de la zona, hemos llegado a sentirnos en una situación de genuino y absoluto desamparo institucional. ¿Emigramos del valle o esperamos a la próxima?
Nos queda la esperanza de que la exhortación por parte del actual Consistorio donostiarra en pleno al resto de instituciones implicadas, para que empiecen a actuar con decisión y presupuestos para la adopción de las medidas oportunas, sea por fin debidamente atendida. Pero a quienes sabemos con certeza que las riadas en un plazo breve de tiempo van a volver a repetirse en la misma zona, no se nos puede pedir más paciencia. Estamos abocados a exigir a los poderes públicos que todas las medidas previstas y necesarias se ejecuten; y que se ejecuten ya. Y a quienes desde el respeto a la verdad y la comprensión humanitaria habéis seguido el desarrollo de los sucesos no podemos dejar de solicitaros que os hagáis eco de esta exigencia.
Porque nuestra voluntad expresa y prioritaria no es iniciar pleitos ni generar divisiones, ni buscar venganzas ni crear conflictos, ni descréditos con segundas intenciones, sino contribuir con las instituciones en la búsqueda de soluciones reales y eficaces.

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