La huerta urbana se abre paso (Diario Vasco, 2 de Marzo)


Lugaritz, Aiete, Riberas de Loiola… Las pequeñas plantaciones se han hecho un hueco en los balcones y terrazas de la ciudad

Si dentro de dos meses, en plena primavera, se da un paseo por la avenida de Barcelona de Riberas de Loiola y mira hacia arriba, hacia las viviendas, verá que un collage de hortalizas decora varios de los balcones. Lo mismo le ocurrirá si decide darse una vuelta por Gros. Podrá comprobar que, junto a los tiestos de geranios de toda la vida, un tipo de vegetación diferente se ha hecho un hueco cada vez más prominente en las macetas de los ciudadanos: las verduras. Lechugas, tomates y pimientos dan vida a las huertas urbanas cada vez más presentes en San Sebastián.
Seguramente sea aún muy pronto para decir que los donostiarras son ‘agrícolas de ciudad’, pero lo cierto es que las huertas urbanas, bien las domésticas, como las que se crean en las terrazas particulares, como urbanas, en parcelas comunitarias, «han proliferado en los últimos años». Así lo creen en la Fundación Cristina Enea, encargada de los cursos Etxekolanda orientados a enseñar nociones básicas para la creación de huertos urbanos y que ven como taller tras taller todas las plazas se llenan y queda gente a la espera.
Y así parece constatarse también tras una incursión en la ciudad. Incluso las villas más modernas cuentan con huertas que lucen brillantes calabazas. Dése si no una vuelta por Lugaritz. Junto a las modernas casas que se extienden en fila, los jardines albergan pequeñas y coquetas huertas familiares. Algunas incluso cuentan con limoneros. «La verdad es que todo el mundo por aquí tiene una. Mis vecinos casi todos se han hecho una, aprovechando el desnivel del terreno. Incluso en los alrededores, algunos vecinos han aprovechado algunas zonas para montarse su huertita. Yo al principio era reticente, pero la verdad es que me he enganchado. Comerse un tomate recién recogido no tiene precio, y el sabor, color y jugosidad no tiene nada que ver con uno de frutería. Además relaja una pasada. Y para los niños es muy educativo plantar semillas, regarlas, cuidarlas y luego recoger frutos. Les encanta», cuenta una vecina de esta zona, Marisol. Se trata de nuevas zonas residenciales que estrenan nuevas huertas frente a otros que arrastran una tradición consolidada, como los barrios de Martutene o Txomin.
«Se trata de un hobby que no resta mucho tiempo, te acerca a la naturaleza y te permite subsistir», comenta Txema Hernández, director de la Fundación Cristina Enea. ¿Los motivos de su éxito en los últimos meses? «Una mezcla entre la crisis, que invita a la autoproducción para la propia subsistencia, pero también una mayor conciencia ambiental y un refinamiento hacia la calidad, hacia el sabor», reflexiona Hernández.
«Es una pasada, y engancha», comenta Iñaki, que tiene una huerta en su terraza de Bera Bera. «Una vez que le vas a cogiendo el truco no puedes dejarlo. Tengo un espacio de unos 30 m2 y he plantado de todo, pimientos, lechugas, tomates y hasta melones. Una vez superadas las meteduras de pata del principio le coges el truco». Porque errores, dice, se cometen al principio y muchos. «Plantar cinco lechugas y después tener que tirar cuatro, por ejemplo. Si comes una lechuga a la semana planta una a la semana», comenta este joven, quien señala que el cultivo de la lechuga es de los más rápidos. «Ahora, en invierno, lo mejor es plantar guisantes, que necesitan una temperatura fresca, y fresones, cebolla o acelgas, que aguantan bien el frío. Y de cara al verano ya puedes plantar melones, que quedan deliciosos», concluye.
Alberto Cobos, jardinero de profesión, explica que el riego es una parte fundamental para mantener en buenas condiciones el huerto y que es preferible que sea de goteo y se realice al atardecer o amanecer, «no en horas de sol directo». Y recomienda no abusar de la densidad en la huerta y no colocar las hortalizas muy juntas para que los vegetales puedan desarrollarse bien. También optar por los espacios ventilados y luminosos. «Cada hortaliza tiene su propia debilidad», señala, con lo que conviene conocerlas para poder combatirlas. Y a disfrutar.

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