Martutene recupera su cauce (Noticias de Gipuzkoa, 6 de Diciembre)


HA pasado un mes desde las graves inundaciones que tuvieron lugar el 6 de noviembre en Gipuzkoa, que dejaron sumido en el más profundo caos a la práctica totalidad del territorio.

Ríos desbordados, calles inundadas y carreteras cortadas fueron la postal que dejaba Gipuzkoa aquel fin de semana, y aunque el agua y el barro han desaparecido, retomar la normalidad por completo va a ser difícil para las zonas más afectadas.

En el barrio donostiarra de Martutene, que quedó totalmente colapsado por el agua, no queda rastro de las bombas de agua, las mangueras o las botas con las que los vecinos se emplearon a fondo para recuperar lo poco que pudieron salvar; sin embargo, detrás de esa aparente normalidad que vive el barrio, se esconde el drama particular de aquellos vecinos que todavía no han podido volver a sus casas o de los pequeños comerciantes que apenas han podido abrir su negocio. Todos ellos esperan impacientes una llamada del seguro, una respuesta en la que confían pero que está tardando en llegar.

COMERCIOS

Cuatro semanas cerrados

En el supermercado Aliprox de Martutene no queda ni rastro, al menos a simple vista, del caos que supuso la crecida del agua, que llegó a los 180 centímetros de altura dentro del establecimiento. Sin embargo, Aitor, uno de los empleados del local, nos abre los ojos rápidamente. «No hemos vuelto a la normalidad porque acabamos de poder volver a abrir», cuenta. El negocio, al igual que el resto de establecimientos de la zona, ha estado cerrado durante cuatro semanas, el tiempo que han necesitado para volver a ponerlo en marcha. «Nos faltan algunas cosillas, sobre todo en tema de maquinaria y así. Además, hemos recuperado algunos ordenadores pero algunos siguen dando problemas», indica.

Al igual que el resto de vecinos afectados, las esperanzas de los trabajadores de este supermercado están puestas en el seguro, del que apenas han recibido noticia alguna. «En su día pasó el perito pero no hemos vuelto a tener noticias del seguro. No tenemos ni idea ni de cuánto vamos a cobrar ni de cuándo», se resigna este empleado.

A escasos metros de este supermercado, Igone Illarramendi también se afana por recuperar la normalidad de la carnicería que regenta. «Acabamos de abrir hace apenas ocho días, después de cuatro semanas cerrado», cuenta, lamentando todo el dinero que han perdido en este tiempo.

Esta carnicera también confía en que el seguro cubra todo lo que ha perdido. «Pasó el perito en su día pero tiene que volver a pasar, así que aquí estamos, esperando», indica confiada, ya que conoce el caso de varios vecinos que han cobrado las indemnizaciones correspondientes. «Sabemos que hay gente que ya ha cobrado pero, claro, una vivienda no es lo mismo que un comercio».

Illarramendi lo perdió todo con el desbordamiento del río Urumea. «Lo perdimos casi todo. Algo de maquinaria hemos conseguido salvar arreglándola pero el resto lo hemos tenido que comprar todo nuevo», asegura.

FAMILIAS

Meses fuera de casa

Si los negocios han tardado un mes en volver a la normalidad, todavía hay vecinos que no han podido regresar a sus casas, ya que el agua se las llevó por delante, destruyéndolas por completo. Los más afectados son los vecinos de la zona de la colonia de El Pilar, donde hay numerosas viviendas a pie de calle en las que el agua no presentó tregua alguna.

Casi una treintena de familias ha tenido que ser realojada en este tiempo en pisos de titularidad municipal, así como en otra veintena de pisos recién inaugurados en Pagola (entre Aiete y El Antiguo). Tal y como explicó el pasado viernes el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Donostia, Ricardo Burutaran, el Consistorio ha decidido «reservar todas las viviendas que no estuvieran ocupadas y dar prioridad a los damnificados».

En esta tesitura se encuentran las hermanas Maite e Irene Fernández, que viven en un bajo de la colonia de El Pilar. Según valoraron los peritos del seguro, han perdido tres cuartas partes de lo que guardaban en casa. Un mes después, la vivienda sigue oliendo a humedad. Sin embargo, estas vecinas se mostraban recientemente «contentas» con la casa de realojo, que consideran «estupenda».

En la misma situación se encuentran Yakobe Etxabe y su mujer, Nuria Borobia. El agua alcanzó los 150 centímetros en su vivienda y apenas han podido salvar el álbum de boda y una de las alianzas, «que apareció flotando». Este matrimonio y su hija han sido realojados en un piso municipal en Altza, donde tratan de volver poco a poco a la normalidad. Sin embargo, no olvidan lo que han dejado atrás en Martutene, adonde vuelven con frecuencia, para ver cómo están las cosas. «La casa está hecha un desastre», aseguraban hace unos días.

A pesar del caos en el que se vio sumido el barrio, donde el que más y el que menos sufrió los envites del agua, quienes lo han perdido todo destacan la solidaridad de sus vecinos, que en todo momento mostraron su disposición de acoger en sus casas a estas familias. «Estamos abrumados con la generosidad de la gente», remarcaba esta pareja, que vio cómo padres y profesores de la ikastola Amasorrain, en la que estudia su hija, hicieron una colecta de juguetes para la niña. «Hemos recibido todo tipo de ayudas», aseguraban, con agradecimiento, al respecto.

http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2011/12/06/sociedad/euskadi/martutene-recupera-su-cauce

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